De Quito a Valledupar, la travesía de unos padres para alentar a su hija en los Juegos Parasuramericanos 2026
Mayté Ortega es una de las cuatro representantes de Ecuador en para natación. Compite en las pruebas de 100m espalda SB9; 100m libre S8 y S9; 100m mariposa S9; 200m combinado SM9; 400m libre S9 y 50m libre S9.
Valledupar, 11 de julio de 2026. "Tú puedes Mayté Ortega. Ecuador". El cartel esperó toda la competencia en la tribuna. Mayté nunca lo vio.
Acababa de salir de la piscina, después de competir en los 100 metros mariposa S9 de los II Juegos Parasuramericanos Valledupar 2026. Caminó hacia donde estaba la delegación ecuatoriana y entonces levantó la vista.
Ahí estaban.
Maritza Zambrano y Ricardo Ortega, sus padres. Sostenían el cartel con las manos temblando más que ella y con una sonrisa tan grande como los picos de la Sierra Nevada que adornan el paisaje de la capital del Cesar. El abrazo llegó antes que las palabras. Un nudo en la garganta. Los ojos húmedos. Tres días de viaje resumidos en unos pocos segundos.
Mayté no sabía nada. Mientras ella competía, sus padres iban dejando atrás kilómetros y fronteras. Salieron de Quito, cruzaron hasta Tulcán, pasaron por Ipiales, siguieron a Pasto, llegaron a Bogotá, esperaron una larga escala y volaron a Valledupar. Más de 2.000 kilómetros de carreteras, terminales y aeropuertos. A cada llamada respondían con la misma mentira piadosa. “Estamos haciendo unas compras en Ipiales”.
La sorpresa valía el cansancio. “Creo que es la primera competencia internacional en la que me acompañan”, dice Mayte. Y esa sola frase alcanza para contar todo lo demás.
Porque ellos conocen cada brazada de su hija. La vieron empezar a nadar a los 13 años, cuando el agua era una terapia y todavía no un sueño. La acompañaron cuando faltaban escenarios para entrenar, cuando el deporte pesaba más que las alegrías, cuando parecía más fácil rendirse que seguir.
“Siempre voy a estar apoyándote”, le dice Ricardo.
“Hija, te amo con mi alma”, completa Maritza.
No viajaron para buscar una medalla. Viajaron para que, al terminar la prueba, su hija levantara la cabeza y encontrara un hogar esperándola en una tribuna.
A veces el amor también compite. Y, de vez en cuando, recorre más de 2.000 kilómetros para sostener un cartel que dice apenas cinco palabras.
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