Cinco medallas en Panamá: de Juegos Intercolegiados a Juegos Suramericanos de la Juventud

Última actualización: lunes, abril 20 de 2026
Carolina Rojas (azul) celebra junto a María Becerra la medalla de bronce en los 50m estilo libre.

Carolina Rojas fue una de las figuras del equipo de natación al colgarse bronces en las pruebas de 100m y 50m libre, relevo mixtos 4x100 combinado, 4x100 libre femenino y mixto.  

Autoría: Jesús Miguel de la Hoz, Prensa Ministerio del Deporte

Ciudad de Panamá, 20 de abril de 2026. Cinco medallas, el reflejo de un proceso articulado que prepara, acompaña y forja el talento desde sus primeras etapas hasta la alta competencia. Bajo el liderazgo del Ministerio del Deporte, los Juegos Intercolegiados y los Juegos Nacionales Juveniles se convierten en una ruta estructurada que permite descubrir, formar y proyectar a jóvenes atletas como la nadadora Carolina Rojas, figura de Colombia en la natación de los Juegos Suramericanos de la Juventud. 

En su caso, ese camino institucional también tiene un origen íntimo, casi cotidiano. Porque antes de los escenarios y las medallas, hubo una decisión en casa que lo cambió todo.

No recuerda exactamente el día en que dejó de ser una niña inquieta para convertirse en una promesa de la natación colombiana. Pero sí el impulso. Ese momento sencillo en el que su papá decidió acercarla al deporte. Tenía siete, tal vez ocho años. Su hermano ya nadaba. Y entonces, como quien lanza una piedra al agua sin saber hasta dónde llegarán las ondas, la inscribieron.

Desde entonces, su historia ha sido eso: una expansión constante.

Hoy, con 17 años, habla con la serenidad de quien ha aprendido a convivir con el esfuerzo. “Encontré ese amor a este deporte que todavía tengo y disfruto”, dice. No lo dice como una frase hecha, sino como una certeza que ha atravesado cada entrenamiento, cada madrugón, cada competencia ganada o perdida. Porque si algo tiene claro es que el aprendizaje no distingue entre medallas y derrotas. “Todas las competencias tienen sus altos y sus bajos, pero siempre uno se lleva una enseñanza”.

Esa mentalidad comenzó a tomar forma en escenarios que, para muchos, son apenas estaciones de paso, pero para ella fueron cimientos. Los Juegos Intercolegiados le dieron medallas y algo más profundo: identidad. Representar a su colegio, a su departamento, a su país. Entender que nadar ya no era solo un impulso familiar, sino una responsabilidad elegida. Allí empezó a descubrirse.

Luego vinieron los Juegos Nacionales Juveniles del Eje Cafetero en 2024, un punto de inflexión silencioso pero determinante. En esas aguas, más exigentes, más competitivas, dejó de ser una promesa para empezar a convertirse en realidad. Fue el tránsito de la ilusión a la convicción. El momento en el que entendió que su nombre podía empezar a pronunciarse en serio dentro de la natación colombiana.

Y así llegó a los Juegos Suramericanos de la Juventud, en Ciudad de Panamá, donde su historia terminó de explotar en la superficie: cinco medallas que no solo pesan por el metal, sino por todo lo que cargan detrás. Cada una es la suma de esos primeros saltos al agua, de los Intercolegiados que la formaron, de los Juveniles que la templaron.

Pero lo más revelador no está en el medallero, sino en su forma de mirar el camino recorrido. “La Carolina de ahora no se dimensiona lo tan lejos que ha llegado”, confiesa. Y en esa frase hay algo más que humildad: hay asombro. Porque, en el fondo, sigue siendo esa niña a la que un día empujaron a nadar para que no se quedara quieta.

Solo que ahora nada con un propósito claro. Sueña con un récord nacional. Con dejar su nombre marcado en la historia de Colombia. Incluso, con cosas que todavía no alcanza a imaginar del todo. Y quizás ahí radica su mayor fuerza: en esa mezcla de inocencia y determinación que la mantiene avanzando sin el peso de la certeza absoluta.

Aún no termina de entender hasta dónde puede llegar. Pero el agua, que nunca miente, ya empezó a decirlo.

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